ELEGÍA
Por las grietas de mis labios,
se derrama el canto
que es un dolor
y una queja a la esperanza,
que ha perdido la noción del tiempo.
Soy ahora sólo aliento,
dentro de este cuerpo hinchado,
encadenado y desnudo,
erguido por un cuello duro,
que sujeta esta pequeña cabeza:
Con la mirada perdida hacia el cielo,
como un ave se mantiene,
sin agitar sus alas volando,
con la fuerza del viento.
Con la mirada también,
anclada a las sombras de mi cuerpo,
sobre este suelo que pisan
mis pies descalzos,
enraizados, como un árbol reseco
bajo la tierra muerta.
Estoy sintiendo la huida,
la fuga de mi alma por mi pecho,
agotada, hambrienta de anhelos.
Así, estoy sintiendo este vacío,
que es estar rebosando de tristeza,
que es perpetuo despertar sin sueños.
Deborah Cortés, 17 de octubre de 2007
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