suicidio y engaños by Cristina Fallarás
Esta es una columna dirigida a una mujer entre 30 y 34 años tras enterarme de que el suicidio ya es la primera causa de muerte entre el grupo de edad al que pertenece (según la presidencia de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria) Que sepas que te suicidas porque te han tomado el pelo. Y de qué manera. Te han hecho creer que te estás haciendo vieja. ¡Jua!, la verdad es que lo mejor está todavía por llegar. Una quiere ser joven para gustar (no va a ser para parecer tonta), y lo cierto es que después de los 35 no sólo gustas el doble, sino que además lo disfrutas el triple. Es sencillo, sabes mucho más, pero ellos precisan vender cremas. Te han hecho creer que necesitas ser una gran profesional. ¿Para qué? Una profesión sólo es una forma de ganarse la vida. Si no tienes vida, triste gracia. Te han hecho creer que además y a la vez tienes que ser madre. ¿Por qué? Si quieres serlo, lo serás, ahora o dentro de diez años. Y si no, que lo sean otras o que adopten, que es bien fácil. La vida no es ya criar y cocinar, aunque a veces lo parezca. Te han hecho creer que después de ésta, hay otra vida. Pero no, sólo tienes una: ésta. Si no quieres vivirla como te cuentan, déjala inmediatamente y no mires atrás. Tú sólo vas a existir esta vez. Que sea, pues, como quieres, aunque contradiga todo lo que te rodea. Y que sepas que la muerte no te salva de nada, no da paz, no da nada, sólo dejas de existir. ¿Y para eso tanto esfuerzo?
Cristina Fallarás
18 Marzo 2008 a 1:30 am
Hola, Cristina.Que sepas que te han engañado a ti también. Que las mujeres que volvemos de la muerte de un intento de suicidio a los veintiocho años y a las que nos regalan una segunda oportunidad naciendo de nuevo abrimos los ojos maldiciendo el mundo y todos sus habitantes. Que no queremos vivir por las razones que tu mencionas sino por tantas distintas como personas hay en el mundo, porque en este mundo se suicidan desde niños hasta ancianos, englobando en el masculino todos los géneros en el que todas las personas puedan reconocerse e integrarse, porque, Cristina, cuando te tomas cuarenta pastillas, o das el puntapié a la silla y cuelgas de la cuerda o haces el corte más profundo, cuando intentas ahogarte, cuando detonas el disparo, qué sé yo cuántas formas he podido pensar, has llegado a un punto de desesperación que no tiene nada que ver con la frivolidad. Primero tienes que llorar por lo que vas a dejar atrás. Por el acto de egoísmo que vas a cometer, Cristina Fallarás. Por la madre desgarrada eternamente, por el padre destrozado, por los hermanos que van a pagar el pato, por ese sobrino de cinco años que confiaba en ti, por esa de tres que te echará de menos, por esos cuñados desorientados, por los amigos y su sentimiento confuso, por el novio inocente que se sentirá eternamente culpable por esa terrible venganza.
Y una no quiere eso. Y ese psiquiatra que ha luchado por ti, contigo. Sentirán que no fue suficiente. Y sin embargo, llega un día en el que ya no puedes más después de muchos años de lucha, d e maltrato doméstico, que no de género ni machista, palabras tan erróneamente utilizadas, después de un ingreso en un hospital psiquiátrico, después de levantarte cada vez que te has caído, después de casi sacar una carrera, después de ser la más popular y a la vez más solitaria y virgen chica de la universidad. La escritora frustrada. La niña traumatizada que escuchaba gritos. La que ya no puede más, la que no quiere saber más, la que no quiere temer más, la que tiene que mentir para conseguir un trabajo, la que no tiene energía para trabajar a jornada completa, a la que le dicen inútil después de sacar las mejores notas y se ve reducida a vivir en casa de sus padres repartiendo los periódicos en los que tú escribes porque no pudo terminar la carrera por un bloqueo mental por maltrato psicológico, Cristina Fallarás. Sí, muy inteligente, muy guapa, con un tipazo, hasta que la mierda de los antidepresivos te hacen engordar hasta 30kg en tres ocasiones distintas en las que tienes que hacer régimen.
Y volviendo a esa noche. Caes en un pozo oscuro porque sabes que no te vas a poder mantener ni cotizar. Que denunciar no sirve de nada porque eres mayor de edad. Que has vivido un millón de negligencias médicas hasta casi perder la cabeza por completo y no quieres cambiar de psiquiatra y aceptas el dinero de tu padre hasta conseguir otro trabajo. Y sientes que nadie te quiere.
Y lo haces.
Y me desperté como si nada.
Ni un lavado de estómago.
Fui al hospital yo sola y me pusieron un suero durante dos horas y a casita.
Solo quería que todo parase.No quería morir. Sólo estar bien. Y luché, y mejoré y aquí estoy, con 30, en el paro y no pienso morirme más que de muerte natural pero ni idea tienes del sufrimiento ajeno que lleva al suicidio,Cristina. Nada de arrugas, ni de envejecimiento, nada de niños, de novios. Demasiado de Romeo y Julieta. Ahora Romeo no se muere por amor, sino que se convierte en asesino, o Julieta es maltratadora de Romeo o de sus niños. A nadie le importa la puta crema, ni mucho menos del animal en el que fue experimentado. Solo a unos pocos. Eso, a los que manejan los de 500, pero que yo sepa el país está en crisis y se nota, porque yo jamás en mi vida he hecho tantas cuentas. No puedo ni ir al cine. Y sin embargo soy feliz. Porque tengo fe en la vida,en los investigadores de la medicina, en mi fuerza interior, en un Dios del que no oigo hablar en la Iglesia y en los libros. ¿Sabes,Cristina? Antes de hablar de un tema tan delicado piensa bien lo que vas a decir, habla con la gente, escúchala antes de sacar tus propias conclusiones, piensa en el miedo que transmiten esos anuncios de campaña contra el maltrato doméstico. Están muy bien hechos. Son así. Parecen reales. Y después de escuchar durante mucho mucho rato, ponte a escribir. Es solo un consejo. Pues pienso que preferimos tener las arruguillas típicas huellas de la risa a los abiertos ojos asustados y legalmente drogados por el miedo, y, sobre todo, eliminar ese movimiento antes de que alguien te toque o confundir a todos los hombres con maltratadores. Gracias.